Escaparates
Cómo hacer que tu escaparate venda
Quien pasa por delante de tu tienda decide en dos o tres segundos si entra o sigue caminando. No lee: mira. Estas son las cinco cosas que más influyen en esa decisión, por orden de lo que más se nota.
1. La luz, dirigida a lo que quieres vender
No se trata de tener más luz, sino de que apunte donde tú quieres. Una luz dirigida al producto estrella hace que el ojo vaya ahí solo. Y cuidado con los focos que deslumbran desde la calle: apartan la mirada en vez de atraerla.
2. Menos cosas, más claras
El error más común es llenar el escaparate. Cuando hay diez productos, no se ve ninguno. Cuando hay dos bien puestos, se ven los dos. Si tienes que elegir entre enseñar todo lo que vendes o que se entienda una sola cosa, elige que se entienda una.
3. El cristal limpio importa más de lo que parece
Un cristal con marcas o un producto descolocado dicen algo sobre el negocio antes de que el cliente entre. No es un detalle estético: es la primera impresión, y se forma desde la acera.
4. Los precios, a la vista
Cuando no hay precio, mucha gente asume que es caro y no entra a preguntar. Ponerlo visible no abarata el producto: quita la barrera de entrar sin saber a qué atenerse. Y evita que quien iba a comprar se vaya a mirarlo al móvil.
5. Cambiarlo a menudo — y aquí está el problema
Este es el consejo que sale en todas las guías: rota el escaparate cada pocas semanas para que quien pasa cada día vea algo nuevo. Y es cierto, funciona.
También es el que casi nadie cumple. Montar un escaparate lleva una mañana. Hay que pensarlo, imprimir carteles, cambiar la decoración, y hacerlo con la tienda abierta. Entre que llega la temporada y que encuentras el rato, pasan meses. Y mientras tanto, el vecino que pasa cada día por delante lleva desde marzo viendo lo mismo.
Lo que hacemos nosotros
En Lokally montamos una pantalla en el escaparate y nos ocupamos del contenido. Tú dices qué quieres anunciar esta semana —una oferta, un producto nuevo, un precio— y en 24 horas está puesto. Sin imprimir nada, sin cerrar la tienda y sin aprender ningún programa.
El escaparate cambia cuando tú quieras y no te cuesta una mañana.
Quiero ver cómo quedaría el mío
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